La flotilla que no podía navegar

Pierre Klochendler
IPS

La decisión de Grecia de impedir que zarpe una flotilla cargada de activistas que se dirigen a Gaza es la última de una serie de medidas que ponen de relieve una alianza de Estados contra el frente de organizaciones no gubernamentales internacionales.
“Conforme a una decisión del ministro de Protección Ciudadana Christos Papoutsis, se prohíbe la partida de barcos con banderas griegas y extranjeras de puertos griegos hacia el área marítima de Gaza”, rezaba el anuncio emitido el viernes por la embajada de Grecia en Israel.
El mes pasado, el ministro de Transporte de Chipre divulgó un comunicado similar. Y antes, por “consejo” de Turquía, la Fundación de Alivio Humanitario había cancelado su participación en el Mavi Marmara, barco de bandera turca que lideraba la primera Flotilla de la Libertad, cuando comandos israelíes lo atacaron, en la madrugada del 31 de mayo de 2010.
Poco más de un año después de ese ataque, en el que murieron nueve activistas, ocho de ellos turcos, desatando protestas internacionales y empeorando las relaciones entre Israel y Turquía, la segunda Flotilla de la Libertad – “Sigamos siendo humanos”– tenía previsto dirigirse a Gaza para, una vez más, intentar romper el bloqueo impuesto en 2006 por Israel.

Todo esto parece haber tenido un efecto disuasor sobre los países geográficamente cercanos al Estado judío. “La Grecia de julio de 2011 no es la Grecia de mayo de 2010 en lo relativo a Israel”, dijo un alto funcionario israelí que participó en el intento de impedir la segunda flotilla.

“Los organizadores no comprendieron esto, y ahora están pagando el precio”, añadió.

Media hora después de que el buque estadounidense Audacity of Hope (La audacia de la esperanza) zarpó el viernes del sudoriental puerto griego de Perama sin autorización, intentando llegar a Gaza, fue interceptado por comandos de las Autoridades de la Guardia Costera Helénica.

“Nos obligaron a volver a un puerto griego rodeado de rejas y alambres de púa”, señaló un mensaje publicado en la red social Twitter por USBoatToGaza.

Hagit Borer, una ciudadana israelí-estadounidense, relató el episodio al portal israelí de noticias Ynet: “Los comandos llegaron con ametralladoras. Fue bastante atemorizante. Parecían listos para el combate, se veían amenazadores. Usaban cascos y tenían sus rostros cubiertos”.

Otro activista se lamentó ante el mismo medio: “Es muy triste que los griegos estén haciendo el trabajo sucio de Israel no dejándonos navegar. Yo no sabía que el Mediterráneo era propiedad de Israel”.

La flotilla pasó de buscar romper el sitio a Gaza a intentar romper el sitio que se le impone a ella misma, aunque en vano.

El jueves, mientras se encontraba atracado en Turquía, el barco irlandés M.V. Saoirse se vio obligado a desistir debido a los daños que sufrió. A comienzos de la semana, el sueco-griego Juliano sufrió daños en el sudoccidental puerto griego de Piraeus. Según los organizadores de la flotilla, en ambos casos hubo un sabotaje deliberado.

“Se infiere que los saboteadores fueron israelíes”, acusó el portavoz del buque irlandés, Raymond Deane. Al Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel le llevó dos días negar la acusación.

“¿Por qué los organizadores de la flotilla no se quejan ante la policía?”, preguntó el portavoz Yigal Palmor.

El periódico turco Hurriyet informó de  que, según “diplomáticos turcos”, la embarcación irlandesa estaba dañada desde “antes de ingresar en aguas turcas” y que, según una investigación inicial, los daños “podrían no ser el resultado de un sabotaje”.

Incluso el vicportavoz del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos, Mark Toner, declaró el jueves que su páís no había tenido ninguna “confirmación independiente” de que los buques hubieran sido saboteados.

De los aproximadamente 1.000 activistas que viajaban en 15 barcos, han quedado pocos cientos a bordo de nueve naves operativas, aunque varadas.

El jueves, en la ceremonia de graduación de cadetes de la fuerza aérea de Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu ya pareció saber que, probablemente, el emprendimiento de la flotilla se hundiría lentamente.

Al expresar la gratitud de su país a los líderes mundiales, hizo especial mención a su par y “buen amigo”, el primer ministro griego George Papandreu.

Por primera vez en mucho tiempo, sostienen algunos funcionarios israelíes, le toca esta vez al Estado judío disfrutar de cierta solidaridad y legitimidad internacional, aunque no necesariamente del tipo de la que determina la opinión pública mundial.

Irónicamente, el catalizador de este revés fue provocado por la amplia solidaridad internacional que concitó el movimiento de activistas contra las políticas de Israel hacia los palestinos, observan.

En cierto sentido, la flotilla no es más que un preludio de la verdadera batalla por la legitimidad que actualmente libran Israel y Palestina. Ambos pueblos y la comunidad internacional lidian con las implicaciones de hacer la paz y crear un Estado palestino, cuya aprobación puede lograrse en septiembre en la Organización de las Naciones Unidas.

Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=98573


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