La colaboración entre municipios y Udalbiltza

LOREN ARKOTXA | EXPRESIDENTE DE UDALBILTZA

Estamos atravesando el umbral de un tiempo que puede transformar el futuro de nuestro país. La realidad conflictiva que nuestro pueblo ha conocido generación tras generación camina hacia parámetros democráticos, acercándose a la paz y a la normalización política. En ese caminar, parece imprescindible desarrollar nuevas culturas políticas, debates y negociaciones, acuerdos, esfuerzos para avanzar en la convivencia, ilusión y participación social, así como instrumentos político-institucionales renovados. En ese caminar, no puede contemplarse a los ayuntamientos ni a los cargos electos municipales como meros espectadores. Son agentes políticos e institucionales de primer orden. Son las personas electas más próximas a la realidad cotidiana de la ciudadanía y pueden jugar un papel importante a la vez que histórico. Histórico, sí, pues la Historia nos muestra la aportación que el municipalismo ha hecho a este país y la centralidad que ha adquirido en determinadas coyunturas en beneficio de esta sociedad.
La aportación del municipalismo en áreas y tareas políticas supramunicipales tiene una larga trayectoria en Euskal Herria. Sólo en los últimos cien años, nos encontramos con tres iniciativas principales:

i) Durante la II. República española: el movimiento de ayuntamientos cuya máxima expresión es la asamblea de Lizarra del 14 de junio de 1932.

ii) El Movimiento de Alcaldes, sintetizado en la reunión de Bergara, el 21 de julio de 1976.

iii) En los últimos años, las y los electos de Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa trabajando en favor del reconocimiento político e institucional de Euskal Herria por parte del Estado francés.

Con estos antecedentes, Udalbiltza nació a punto de finalizar el siglo XX, al reunirse, por primera vez en nuestra historia moderna, representantes municipales de todos los territorios de Euskal Herria, con el objetivo de crear una institución nacional de base municipal. Afirmar la existencia de Euskal Herria como nación y, en consecuencia, para posibilitar la colaboración institucional entre los municipios de todos los territorios, tejer de forma práctica y en todos los ámbitos un marco común, esos fueron los objetivos.

El nacimiento y desarrollo de esta institución se produce al amparo del derecho de los pueblos a su libre determinación, así como del derecho de reunión y de la libertad de expresión recogidos en diversos acuerdos internacionales.

Algo que, por otra parte, existe en otros lugares de Europa a través de instituciones nacionales transfronterizas que representan a pueblos sin Estado, como Sámediggi, el Parlamento electo del Pueblo Sami, o la Assemblea de Regidors i Regidores de Cultura i Medi Ambient del País Valencià, Catalunya, Illes Baleares, Catalunya Nord (Estado francés), Franja, Andorra i l’Alguer (Cerdeña).

La experiencia de Udalbiltza, en su corta y accidentada trayectoria, ha mostrado nuevos parámetros, nuevas vías completamente válidas en las nuevas estrategias políticas que, poco a poco, se van vislumbrando:

La colaboración entre culturas políticas diferentes que se dio en la primera etapa reveló el potencial que dicha unidad puede desarrollar, tanto simbólicamente como en la práctica. Habrá quien se extrañe al saber que las convocatorias para las Asambleas se enviaban a todos y cada uno de los cargos electos, alcaldesas y alcaldes de Euskal Herria. Lejos de vanos sectarismos, se antepuso la pertenencia a una Institución Nacional a la pertenencia a un partido político.

El trabajo comunitario institucional, la colaboración, el auzolan nacional. Se reforzó la colaboración entre municipios. Se abrieron nuevas vías que siguen abiertas hoy. Justamente, la cooperación intermunicipal transfronteriza que tanto se quiere impulsar desde Europa.

La colaboración entre el ámbito institucional y las entidades y agentes sociales. Así se pusieron en marcha diversos proyectos que continúan en marcha. A pesar de sus limitaciones financieras, demostró que la articulación público-social puede superar las limitaciones que a menudo comporta la actividad meramente interinstitucional. Un notable ejemplo de ello fue la experiencia del plan Zuberoa Garatzen.

Y, por último, pudo verse claramente que Udalbiltza puede ser un ejercicio práctico eficaz para la construcción nacional. Sin menoscabo de la reflexión teórica, Udalbiltza adoptó un perfil completamente práctico en el desarrollo de los cinco principios adoptados en la Asamblea Constituyente de Euskalduna. Con todas sus carencias y limitaciones, Udalbiltza estaba demostrando claramente que era plenamente posible un trabajo práctico sobre los siete territorios, mediante el trabajo en común entre diferentes.

Uno de las principales líneas de trabajo de Udalbiltza ha sido su aportación para posibilitar un escenario de paz para nuestro pueblo, trabajar en favor de la paz. «Euskal Herria en el camino hacia la Democracia y la Paz» y la «Carta de Derechos de Euskal Herria» son documentos que atestiguan que incluso en los tiempos difíciles, Udalbiltza alimentó el rescoldo de la paz y la democracia.

El primer documento fue el fruto de una dinámica de interlocución con decenas de agentes sociales y representantes institucionales. En un esfuerzo para sintetizar todas las aportaciones, se recogieron las propuestas que podrían coadyuvar a un escenario de paz. La clave que dicho documento recogía a modo de idea principal era el reconocimiento de todos los derechos. En la Carta de Derechos de Euskal Herria, por otra parte, se plasmaron, de modo explícito, todos los derechos para todas las personas. Del mismo modo, la Carta, proclamó su adhesión a los derechos individuales y colectivos reconocidos por el derecho internacional.

Junto con esta mención a la labor de aportación para las condiciones hacia la paz y la democracia, también queremos recordar que Udalbiltza, como institución, ha participado activamente en los procesos que se han desarrollado hacia la paz y la normalización, recogiendo el testigo de los antecedentes movimientos de ayuntamientos.

Creemos que es preciso fortalecer el respeto al derecho de los/as representantes democráticamente elegidos/as en cualquier ámbito institucional a crear, impulsar, desarrollar y financiar instituciones del conjunto de los territorios y ámbitos administrativos de Euskal Herria en tanto puede ser un instrumento válido para poder abordar las principales claves que han alimentado sin cesar el conflicto político. La apuesta por los instrumentos democráticos debilita y desactiva otro tipo de instrumentos. Siempre hemos sido de esa opinión y lo seguimos siendo. Udalbiltza nunca ha sido un instrumento contra nadie, sino a favor de este pueblo. Es una institución nacional enraizada en el fructífero municipalismo que ha conocido la historia de este pueblo y que camina en la línea de las directivas que emanan de la propia Europa: fortalecimiento de los ámbitos más próximos a la participación ciudadana y cooperación transfronteriza.

Podemos ver reflejadas en estas cuatro experiencias que hemos conocido en nuestra historia contemporánea la dimensión y la importancia de la aportación que el municipalismo puede realizar en este proceso que Euskal Herria vive hoy hacia la paz y la normalización política. Los ayuntamientos y los cargos electos municipales, en la medida que son las y los representantes institucionales que más cerca están de la ciudadanía, pueden enriquecer y coadyuvar en dicho proceso, con sus debates y sus ejercicios de acuerdo.

Con la ilusión que genera comprobar que la iniciativa resurge. Por responsabilidad y amor para con este pueblo, pedimos que se reflexione sobre la tarea que los cargos electos municipales elegidos en cada momento por sufragio universal deben tener en la historia. Para que, desde una modesta posición en nuestros pueblos, entre todas y todos impulsemos retos decisivos e ilusionantes.


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