Según el Ministro de Finanzas de Alemania, la crisis es una “necesidad”

Victor Grossman
 MR Zine
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La cara de Angela Merkel luce usualmente una expresión bastante simple, amistosa, casi afable, que corresponde a sus palabras simples, gentiles. Pero en esos excepcionales momentos imprevistos, afirman algunos, se ve una cara muy dura que se corresponde, en ocasiones igualmente imprevistas, con palabras que no son exactamente afables, como su declaración contrariada de que Chipre estaba “agotando la paciencia de sus socios europeos”. Sí, Angela puede enojarse y perder la paciencia, sobre todo cuando se trata de esos países y dirigentes irresponsables del sur tan renuentes a soportar virilmente la parte requerida de sus cargas.

Semejantes cargas incluyen el recorte de sueldos y de salarios gubernamentales, la amputación de los derechos de los pensionistas, permitir el aumento de los precios de los artículos básicos, contemplar el crecimiento del desempleo mientras se reducen los medios para ayudar a los afectados y privatizar elementos claves de la economía vendiéndolos al mejor postor o al más favorecido. ¿Hay que reducir la atención hospitalaria e infantil, despojar a las escuelas? Son los precios que hay que pagar si tenemos que rescatar a las economías “en el marco del euro”. Es la Austeridad, la palabra mágica de Merkel para el renacimiento económico.
Pero para cada vez más de los que se encuentran al otro extremo semejantes rescates y semejante renacimiento son peores que los peligros o dolencias que deben extirpar. Por ese motivo gente enfurecida desde Lisboa en el lejano oeste de Europa hasta Nicosia en el este, escribe comentarios chocantes sobre Alemania en los afiches o incluso coloca feos bigotes hitlerianos sobre la cara amigable y sonriente de Angela.

Un funcionario bancario chipriota recuerda una reunión en Bruselas en 2011 en la cual Merkel, el presidente francés Sarkozy, la jefa del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y los dirigentes derechistas de la Unión Europea Juncker y Barroso, tomaron decisiones sobre Grecia y el aún más desvalido Chipre que determinaron lo que ha ocurrido hasta la actualidad. Como dijo el International Herald Tribune “en los tres años desde que la crisis de la deuda de Europa estalló en Grecia, gobiernos y ciudadanos de los países más afectados han estado furiosos porque las decisiones tomadas en Bruselas prestaban poca atención a sus intereses y solo eran disctadas por las preocupaciones económicas y los ciclos electorales de Alemania”. Respecto a ese tratamiento, sobre todo por parte de Alemania, un experto chipriota se quejó: “Fue muy brutal, como la guerra”.

Gigantescas manifestaciones impidieron el plan original de gravar todas las cuentas bancarias, incluso las más pobres, para pagar las deudas de los banqueros. Pero se espera que el plan modificado, aunque menos extremo, reduzca los niveles de vida chipriotas durante años. El miedo y la ira aumentan. Es verdad, el euro hizo más fácil la vida de los que viajan por gran parte de Europa: sin cambio de monedas, sin cálculos, mentales o electrónicos, de lo que cuestan una comida o un par de zapatos en dinero de cada uno de los países. Pero al impedir que cada país ajuste las tasas de cambio para que correspondan a su propia situación, el euro los comprime, débiles o fuertes, dentro de un mismo molde, para conformar un strudel muy alemán.

El “euro estable” es bueno para los grandes exportadores como Alemania, no para los demás. Y tampoco para todos los alemanes. Sean coches VW, tanques, o productos químicos de Bayer, se privilegian exportaciones más baratas que las de los competidores, lo que significa mantener bajos los salarios y las prestaciones en el país. Aunque el promedio alemán de desocupados es bajo, 5,4%, tres millones siguen sin empleo y una gran cantidad de “empleados” tienen puestos de trabajo inseguros, temporales, a menudo “prestados” por agencias privadas cuyo negocio es engañarlos; o trabajan con salarios tan bajos que tienen que pedir ayuda del Estado para sobrevivir. Aparte de esas agencias privadas, otra institución realiza un negocio trágicamente activo: la red de despensas alimenticias, generalmente totalmente llenas, de gente hambrienta. Puestos de trabajo regulares, seguros, con paga decente, cada vez son más difíciles de encontrar.

Lo que se encuentra fácilmente en las noticias de la TV es al hombre de la silla de ruedas,

Wolfgang Schäuble (Pronunciado Choi-Blé). Un personaje duro, que sobrevivió  a un demencial intento de asesinato en 1990 que lo dejó paralizado de la cintura abajo, casi tiene el récord de longevidad en la política alemana y ha ocupado una amplia variedad de puestos derechistas importantes. Como Ministro de Finanzas desde 2009 y sombra de Merkel en negociaciones internacionales, se le ha denominado “el hombre más peligroso en Europa”. Es el principal artífice de acuerdos despiadados que deciden las suertes de Grecia, Chipre o cualquier país con problemas. Muchos culpan a sus políticas de los desastres en ambos países. Cuando Schäuble declaró que el acuerdo con Chipre que ayudó a imponer podría ser un “modelo de negocios” para otros países, hasta el plácido Ministro de Exteriores Asselborn del estable pequeño Luxemburgo se resintió: “Nos cuesta tragar el término “modelo de negocios”, dijo; no quería que nadie lo instruyera sobre lo que debe hacer, y menos que nadie el Ministro de Finanzas alemán Schäuble. (Focus, 26.3.2012)

En de Alemania, los esfuerzos de Schäuble se orientan a equilibrar el presupuesto, pase lo que pase. Para lograrlo, quiere recortes de 3.500 millones de euros del fondo de salud, 1.500 millones más de lo originalmente planificado. “Economías y crecimiento a largo plazo no se excluyen”, dijo, y agregó: “Es una fuerte señal para Europa”. ¡Parecido al representante Ryan en EE.UU.!

Su principal objetivo, según una entrevista en el New York Times en noviembre de 2011, es una unión política de Europa, y con esta intención “considera que el revuelo [del mercado] no es un obstáculo sino una necesidad”: “Solo podemos lograr una unión política si tenemos una crisis”.

Vale la pena recordar dos cosas respecto a Schäuble. En 1999-2000 estuvo involucrado en un gigantesco escándalo sobre grandes sumas donadas secreta (e ilegalmente) a su partido, la Unión Demócrata Cristiana, por un poderoso y muy truhanesco traficante de armas. No hay vertedero que pueda contener la cantidad de inmundicia descubierta; como resultado Helmut Kohl, totalmente comprometido, tuvo que renunciar a la presidencia del partido. Schäuble se hizo cargo pero pronto tuvo que partir y dejar el lugar a una joven aún no contaminada del este, Angela Merkel. Schäuble nunca fue procesado o castigado por todos los sobornos, perjurios y calumnias involucrados. Actualmente, ya que Merkel no tiene que temer ninguna rivalidad por su parte (ya tiene 71 años), ambos constituyen, por lo menos hacia afuera, un equipo.

La estrella de Schäuble también brilló diez años antes, ¿o fue menos una estrella que un “agujero negro” que lo devora todo? En 1990 fue el que negoció la incorporación de la República Democrática Alemana, la RDA, al Estado alemán occidental , y con la ayuda de corruptos cómplices alemanes orientales, se aseguró de que se absorbiera y se eliminara cualquier indicio de industria nacionalizada, todo residuo del otrora tan generoso sistema social, también todos los medios, los centros académicos, la administración, sí, todo lo que tuviera el menor olor a socialismo. En 1989 había cerca de diez millones de puestos de trabajo en la RDA; cuatro años después quedaban solo un poco más de seis millones. La fórmula de Schäuble para la RDA se ha modificado para los vecinos de la Unión Europea. Es verdad, no existe la menor sospecha de que alguno de ellos sea de alguna manera socialista. ¡Pero más vale que ni piensen en orientarse en esa dirección! A mi juicio, es la función básica de esa organización, con equipos de ojos de lince como Merkel-Schäuble en las torres de vigilancia. Portugal, España, Grecia, Chipre, Italia, y muchos otros; ¡no se atrevan a desalinearse!

De vez en cuando Alemania tiene un nuevo escándalo, con resonantes ecos del pasado. En noviembre de 2011 se informó del asesinato a sangre fría de ocho comerciantes turcos, uno de origen griego, y de una policía, en una explosión que hirió a más de 20 personas, en su mayoría de origen turco, y de 15 ataques armados contra bancos. Desde entonces la historia ha aparecido en los medios y comités de investigación en diferentes ámbitos han estado analizando toneladas de evidencia, pero al parecer sin llegar a ninguna conclusión. Se aclararon algunas cosas: los asesinatos fueron la obra de una pandilla nazi, pero desde el principio se hicieron intentos xenófobos de atribuirlos a grupos “mafiosos” de inmigrantes que se mataban entre ellos. Y hubo intentos desde el principio de encubrir los hechos sobre la participación del gobierno, culpando la chapucería y la burocracia de las mortíferas “desgracias”, incluso de la destrucción altamente sospechosa de importantes evidencias.

Por fin se planifica un proceso en Múnich, que comienza el 17 de abril, para la única superviviente del trío asesino, Beate Zschäpe, y cuatro presuntos cómplices. Pero como señala el medio noticioso Der Spiegel Online:

El trío de neonazis que componían el Movimiento Clandestino Nacional Socialista (NSU) estaba rodeado de informantes vinculados a la Oficina de Protección de la Constitución… Sin embargo, las autoridades no tenían la menor idea de qué planes se elucubraban en la clandestinidad neonazi… Una de las grandes preguntas que se hacen actualmente es si la Oficina de Protección de la Constitución y sus métodos son adecuados para proteger la constitución alemana o si realmente fortalecen a grupos militantes derechistas… “En su mayoría las fuentes” eran “acérrimos extremistas de derecha” quienes creían “que podían actuar impunemente e imponer su ideología, bajo la protección del servicio de inteligencia y no tenían que tomar en serio el cumplimiento de la ley”.

De hecho, más de unas cuantas operaciones policiales contra los neonazis más virulentos llegaron demasiado tarde; alguien los había advertido de antemano. ¿Qué revelará el proceso? ¿Qué sacará a la luz? Es posible que llegue a ser algo muy candente y embarazoso.

Es más, ya es extremadamente embarazoso. El tribunal de Múnich que deberá tratar el caso escogió una sala con solo 230 asientos, que serán ocupados en gran parte por abogados y parientes de las víctimas. Cincuenta asientos se reservaron para la prensa. Pero se reservaron con tal rapidez que ningún corresponsal turco pudo conseguir uno. Un periodista para el principal periódico en idioma turco se quejó:

Mi periódico, Hürriyet, llamó repetidamente al tribunal antes del período de acreditación pidiendo que se le informara de las fechas para estar seguro de cumplirlas. Nos registramos el primer día de acreditación, ¿y ahora la oficina de prensa del Alto Tribunal Regional de Múnich nos dice que otros fueron más rápidos? ¿Cómo es posible?

Todo intento de utilizar otra sala del tribunal, asientos alternos, transmisión por televisión o incluso cambios de asientos para permitir la representación de medios turcos ha sido rechazado por razones formales. La única solución del tribunal es que los representantes de los medios turcos traten de colocarse en las primeras filas para conseguir sitio en los pocos asientos que quedan para el público. El hecho de que ni siquiera se haya reservado un asiento para el embajador turco, obligándolo también a colocarse en la fila, posiblemente junto a neonazis, hace que el asunto sea aún más sospechoso. Quedan unas dos semanas para arreglar este “peligro para la imagen alemana”. Y entonces, tal vez, presenciar interesantes cambios políticos, ¡o un encubrimiento! ¡Ya veremos!

Victor Grossman, periodista y autor estadounidense, es residente en Berlín Oriental desde hace muchos años. Es autor de: Crossing the River: A Memoir of the American Left, the Cold War, and Life in East Germany (University of Massachusetts Press, 2003).

Fuente: http://mrzine.monthlyreview.org/2013/grossman020413.html


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