8 millones de muertos en el Congo en menos de 20 años

Entre tanto, la misión de la ONU, la MONUSCO, tiene desplegados unos 17.000 soldados en el Congo, de los que 7.000 se encuentran en el convulso este y, a pesar de disponer de abundantes medios, ha sido incapaz de cumplir su misión de proteger a la población civil y frenar a los rebeldes .Laurent Fabius, ministro francés de exteriores se ha preguntado si la MONUSCO no ha fracasado en su misión “ya que es absurdo que los cascos azules no se hayan batido para impedir que unos centenares de rebeldes se hagan con el control de Goma”.

Nuevamente quiero llamar la atención ante este descomunal escándalo internacional en el que desde la ONU, hasta los organismos internacionales responsables prefieren mirar hacia otro lado (sin duda debido a la gran influencia de EEUU y Gran Bretaña, sobre todo, aunque también de Bélgica, Francia y Holanda que siempre apoyaron el régimen genocida de Paul Kagame, y que impiden que se sancione a las autoridades ruandesas y que se les señale como verdaderas responsables del desastre). Y es que como bien dicen desde UMOYA “lo que ocurre en el Este del Congo es también responsabilidad de la comunidad internacional”.

Comunicado de Umoya – Federación de Comités de Solidaridad con África Negra

¿Hasta cuándo las riquezas naturales del Congo seguirán siendo motivo de maldición para su pueblo?

“Desde hace varios meses, una nueva rebelión “liberadora” siembra la desolación entre los habitantes de la provincia congoleña del Kivu-Norte, cuya capital es Goma. Se trata del Movimiento 23 de marzo (M23), creado por militares que ya anteriormente habían participado en una rebelión (CNDP) y que en 2009, como consecuencia de un acuerdo, se integraron en el ejército oficial congoleño. Esta rebelión, según ellos, está motivada porque Kinshasa no ha cumplido lo firmado.

El apoyo de Uganda y sobre todo Ruanda a estos rebeldes, tanto a nivel de organización político–estratégica como en la misma formación militar, está documentado por diversos informes concordantes entre ellos. El más significativo, redactado por un grupo de expertos de la ONU, establecía que Uganda y Ruanda estaban apoyando logísticamente con armas y municiones, y con hombres, la pretendida rebelión “liberadora”. Según este informe, la cadena de mando del M23 se remontaría hasta el ministro de Defensa ruandés, general James Kabarebe.

Estas acusaciones, rechazadas airadamente por Ruanda, han derivado en reuniones del Comité sancionador de la ONU y en la congelación por parte de varios países de los fondos de ayuda a Ruanda.

Sin embargo, la llamada “comunidad internacional”, influida por los padrinos del régimen genocida de Paul Kagame, -Gran Bretaña y EEUU-, no termina de decidirse a condenar severamente a las autoridades ruandesas y evita citarlas como máximas responsables del desastre. Solo algunos oficiales del M23, como Bosco Ntaganda o el coronel Makenga, aparecen en la lista de perseguibles y sancionables, cerrando los ojos ante la implicación ruandesa en la agresión y en el expolio de la región, ahora en guerra abierta.

Los últimos acontecimientos revelan que se ha alcanzado un punto de no retorno. Goma ha caído; el ejército congoleño, humillado, ha huido; la comunidad internacional ha sido desafiada. La muerte, los saqueos, las violaciones, el reclutamiento de niños soldados, la huida y desplazamiento de poblaciones, vuelven a convertirse en realidad cotidiana. La ofensiva sobre Goma, programada y ejecutada concienzudamente, puede extenderse hacia el norte (Beni–Butembo) y hacia el sur (Bukavu).

Un portavoz de los rebeldes ha declarado: “El viaje para liberar el Congo no ha hecho más que empezar (…) Vamos a Bukavu y luego a Kinshasa, ¿estáis preparados para uniros a nosotros?”

No pocos congoleños expatriados acusan al presidente Kabila de mantener conscientemente la debilidad de las Fuerzas Armadas Congoleñas para facilitar y hasta justificar la progresiva anexión del este del Congo a Ruanda. Se apoyan en que mientras Goma caía en manos de los rebeldes del M23, el presidente Kabila volaba a Kampala para reunirse con el presidente ruandés Kagame, convocados por el ugandés Museveni, revestido repentinamente de mediador.

Entre tanto, la misión de la ONU, la MONUSCO, tiene desplegados unos 17.000 soldados en el Congo, de los que 7.000 se encuentran en el convulso este y, a pesar de disponer de abundantes medios, ha sido incapaz de cumplir su misión de proteger a la población civil y frenar a los rebeldes. Laurent Fabius, ministro francés de exteriores se ha preguntado si la MONUSCO no ha fracasado en su misión “ya que es absurdo que los cascos azules no se hayan batido para impedir que unos centenares de rebeldes se hagan con el control de Goma”.

No cabe la menor duda de que lo que ocurre en el Este del Congo es también responsabilidad de la comunidad internacional. La captura de Goma por el M23 es una afrenta sin precedentes para el estado de derecho internacional y para la misión de paz más grande y más cara de las Naciones Unidas e intensifica una crisis humanitaria que ya era alarmante.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo las riquezas naturales del Congo seguirán siendo motivo de maldición para su pueblo? ¿Hasta cuándo las llamadas grandes potencias callarán el genocidio más grande de África y quizás de la humanidad? ¿Hasta cuándo los congoleños deberán derramar su sangre por haber nacido en esta zona del planeta? ¿No son suficientes los casi 8 millones de víctimas, la mayoría civiles, que se han producido desde 1994 en las interminables guerras del Congo?

No es la primera vez que desde denunciamos el sempiterno escándalo que supone la terrible situación que vive el Congo, que ni es la que se cuenta (guerras tribales entre “hutus” y “tutsis”, o la crisis humanitaria), ni desde luego, son esas sus verdaderas causas (luchas por el estaño).

Artículo publicado originalmente en Solidaridad.net

*Luis Ángel Aguilar (Albacete, 1957) es un maestro español con más de 32 años de ejercicio. Titulado en Pedagogía Terapéutica, es también Logopeda y está afiliado al sindicato CCOO. Es miembro de las Comunidades Cristianas Populares (CCP) a las que representa en el colectivo europeo de CEB. Pertenece al consejo de redacción de la revista UTOPIA. También forma parte de ATTAC, del Colectivo de Apoyo al Inmigrante ACAIM, y de la Plataforma contra la militarización de Albacete CONMILAB.

Periodista aficionado ya escribía en la prensa local en tiempos de la transición dentro del grupo “Sagato”. Colabora habitualmente con diversos medios, tanto en papel (Gente o Utopía) como digitales (Rebelión o La República) y suelen publicarle artículos en la prensa local y alternativa, así como en diversos blogs.

En España publicó diversos materiales educativos en el Centro de profesores de Albacete, y en Argentina ha publicado sus dos últimos libros en Espacio Editorial y Lumen-Humanitas.

Desde noviembre de 2007, es el Coordinador provincial de IU en Albacete, partido por el que fue candidato al Senado en 2004. Compañero de Cayo Lara en la candidatura al parlamento regional de Castilla La Mancha en 2007, también ha sido cabeza de lista al Congreso de los Diputados por la provincia de Albacete en 2008 y candidato a las elecciones europeas por el partido de “La izquierda”. Nunca salió elegido.


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