Occidente contemporiza, pero mantiene sus planes militares

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tambores de guerra en siria

La inminencia de un ataque por parte de las potencias occidentales contra Siria perdió ayer fuerza a la espera del informe de la misión de la ONU que investiga el supuesto uso de armas químicas, aunque Washington, Londres y París mantienen sus planes militares disfrazándolos de «respuesta humanitaria» y de «llamada de atención» a Damasco.

Los expertos de la ONU que investigan el supuesto uso de armas químicas en Siria finalizarán sus indagaciones hoy y tienen previsto comunicar sus resultados preliminares este fin de semana. Mientras, continúa el compás de espera en Occidente, donde parece demorarse la toma de una decisión sobre una operación militar contra Damasco que hasta el miércoles parecía inminente.

EEUU, Estado francés y Gran Bretaña lideran la iniciativa de «castigar» al régimen sirio, al que llevan días señalando como responsable del supuesto ataque con armas químicas registrado el pasado día 21 en Ghuta (Damasco), y ha sido Londres, con un sistema parlamentario y no presidencialista, la que parece haber ocasionado el retraso. La clase política cuestiona el eventual éxito de una operación militar de este tipo, haciéndose eco del escepticismo generalizado en sus respectivos países. De Londres a Berlín, los parlamentarios se negaron a firmar un cheque en blanco a los líderes de EEUU, Estado francés y Gran Bretaña para que lancen ataques militares contra el régimen de Bashar al-Assad.

Londres se ha convertido en el epicentro del escepticismo político. La oposición laborista se negó a votar a favor de una resolución propuesta por el primer ministro, David Cameron, a favor del uso de la fuerza mientras no se conozcan los resultados de la investigación de la ONU y obligó al premier británico a tener que plantear finalmente ante el Parlamento una declaración de principios que debía ser votada al filo de la medianoche y a convocar una nueva sesión, seguramente el fin de semana, para buscar el pleno respaldo parlamentario. Cameron dijo que una intervención en Siria no sería «una invasión ni tomar partido» sino una respuesta a lo que consideró «un crimen contra la humanidad» que requiere «un respuesta humanitaria».

El líder de la oposición, Ed Miliband, no descartó apoyar una intervención militar en Siria, pero exigió tiempo para que los inspectores de la ONU reúnan «pruebas convincentes» y para que el Consejo de Seguridad de la ONU se pronuncie. Este órgano volvió a reunirse ayer, sin que se alcanzara un acuerdo sobre una resolución británica que autorizaría el empleo de la fuerza militar contra Siria, aduciendo móviles «humanitarios».

La canciller alemana, Angela Merkel, y su ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, trataron de convencer a Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad que se niegan a respaldar una intervención militar. Una oposición que, sin embargo, no impediría que EEUU y sus aliados ataquen Siria, siguiendo el precedente que asentaron en 1999 con los bombardeos de la OTAN sobre Serbia a causa del conflicto con Kosovo.

Ultimando las pruebas

La comunidad internacional se encuentra dividida entre defensores y detractores de Al-Assad. Si bien el presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que su país considera que el Gobierno sirio es responsable del presunto uso de armas químicas en Ghuta, el mandatario declaró que aún no ha tomado una decisión sobre un eventual ataque a Siria, aunque descartó un «compromiso militar directo» de EEUU en ese país. Su idea es que el Gobierno sirio reciba una «llamada de atención tan contundente que le haga desistir» de utilizar armas químicas, porque sostuvo que su empleo «ha creado una situación que afecta a la seguridad nacional» de EEUU.

Obama aseguró que no tiene interés «en un conflicto con final abierto en Siria» o «una repetición de Irak» y que, si opta finalmente por un ataque, será «limitado» y se asegurará de que envíe el mensaje a Al-Assad de que no puede volver a recurrir a las armas químicas. «Eso puede tener un impacto positivo en nuestra seguridad nacional a largo plazo y puede tener un impacto positivo en el sentido de que las armas químicas no volverán a ser usadas nunca más contra civiles inocentes», justificó.

Washington ultimaba anoche un informe de Inteligencia, que no descartaba presentarlo ayer mismo -madrugada en Euskal Herria- con «pruebas» de que el régimen de Damasco utilizó armas químicas, aunque medios como «The New York Times» informaron de que los servicios secretos estadounidenses no las encontraron.

Según la revista «Foreign Policy», la Casa Blanca se basa en una supuesta conversación telefónica entre un funcionario del Ministerio sirio de Defensa y el jefe de la Unidad de Armas Químicas que, según publicaron ayer algunos medios, habría sido interceptada por los servicios de Inteligencia de Israel.

París y Londres acusan también al régimen sirio de estar detrás de ese ataque, aunque ayer Cameron admitió que «no existe un 100% de certeza».

El presidente francés, François Hollande, sostuvo, por su parte, que la eventual respuesta militar «es complicada de construir» y subrayó que «aunque debe hacerse todo para una solución política, esta no llegará si la coalición no es capaz de aparecer como una alternativa con la fuerza necesaria, principalmente de su Ejército», al tiempo que instó a la llamada comunidad internacional a poner freno a la escalada de violencia.

Alemania, que participó en la invasión y posterior guerra en en Afganistán se abstuvo a la hora de votar a favor de la operación militar en Libia en 2011 para derrocar a Muamar Gadafi, aunque la apoyó, y ahora insiste en una resolución de la ONU.

En similares términos se expresó el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, que afirmó que su país no participará en las acciones militares contra Siria, pero dijo que «apoyará» un eventual ataque de sus aliados.

A la espera de una decisión, Gran Bretaña desplegó seis aviones militares Typhoon en una de sus bases en Chipre, a un centenar de kilómetros de las costas sirias, mientras EEUU envió al Mediterráneo un quinto destructor equipado con docenas de misiles Tomahawk.

Por su parte, Rusia, aliado del régimen sirio, y contrario a una intervención en el país, anunció también el envío de un buque antisubmarino y un barco lanzamisiles al Mediterráneo.

«Garante de la victoria»

Bashar al-Assad, que niega haber usado armas químicas, advirtió de que Siria se defenderá «de cualquier agresión extranjera» y que las amenazas «no hacen más que aumentar su apego a sus principios y a su independencia». «Siria, con su pueblo que resiste y su valiente Ejército, está decidido a erradicar el terrorismo apoyado por Israel y los países occidentales», declaró ante una delegación yemení en Damasco.

«El pueblo es garante de la victoria», añadió, inquebrantable a pesar de las amenazas de las potencias occidentales. Su Gobierno, que acusa a los rebeldes de emplear armas químicas, aseguró que Occidente se ha inventado un pretexto para atacar su país.

Su Ejército, comenzó el lunes a cambiar sus posiciones, sobre todo en Damasco, Homs y Hama. Mientras, la capital siria se preparaba progresivamente para una confrontación contra los países occidentales, con inspecciones más estrictas en los puestos de control y medidas de seguridad reforzadas.

La oposición a una intervención militar extranjera suma voces

Varios gobiernos de América Latina se sumaron a los países emergentes y a sus principales socios en su oposición a cualquier intervención militar extranjera en Siria, así como en su condena a la utilización de armas químicas.

Entre los aliados del régimen de Bashar al-Assad, los presidentes ruso, Vladimir Putin, e iraní, Hassan Rohani, calificaron de «inaceptable» el uso de armas químicas, pero insistieron en buscar una solución política y diplomática.

El viceministro ruso de Exteriores, Guennadi Gatilov, dijo que los proyectos occidentales de intervención en Siria son un «desafío» a los principios de la Carta de la ONU, y estimó que en el estado actual de la situación es necesario «dejar que los expertos de la ONU realicen su investigación». El ministro del ramo, Sergei Lavrov, aseguró que un ataque causaría mayor desestabilización en la región.

El jefe de estado mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Hassan Firusabadi, advirtió de que una acción militar contra Siria dejaría a Israel «al borde de las llamas». Pero el presidente israelí, Shimon Peres, afirmó que en caso de amenaza, Israel, que ya ha trasladado sus baterías de misiles a la frontera con Siria, responderá «con toda su fuerza».

Los gobiernos de Brasil, Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador rechazaron cualquier intervención militar, que consideraron una «flagrante violación» de la Carta de las Naciones Unidas, y advirtieron de sus consecuencias en una región especialmente inestable.

El mandatario de Bolivia, Evo Morales, fue más allá al acusar a Obama de preparar «guerras» para adueñarse de los recursos naturales de algunos países. EEUU «ya no puede imponer dictaduras militares» y ahora financia conflictos internos en algunos países para intervenirlos y apropiarse de sus recursos, afirmó.

Sudáfrica, en la línea de otras economías emergentes como Rusia, China y Brasil, se mostró preocupado por «la peligrosa retórica» de los últimos días y volvió a advertir de que una intervención extranjera es «impredecible» y solo agravará el conflicto en Siria, al tiempo que pidió que se permita a la misión de la ONU acabar su investigación.

También Egipto se sumó a las voces contrarias a la iniciativa de EEUU y sus aliados. El ministro de Exteriores del Gobierno instaurado por los golpistas, Nabil Fahmy, expresó la oposición de las nuevas autoridades y aseguró que su país «no participará en ningún ataque militar contra Siria».

La prensa china, por su parte, hizo un llamamiento a la movilización internacional para evitar una intervención militar occidental en Siria. GARA


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