En el nombre político del amor

Frei Betto no titubea para nombrar las cosas. No deambula por las galerías del lenguaje, ni se cobija bajo palabras cómodas. Es un hombre comprometido con la verdad, con la suya propia, que coloca siempre al servicio de los más, que viven con menos, o con nada casi; porque los menos viven con demasiado, o con todo casi. Su suerte empezó a echarla con los pobres de la tierra en el Brasil de los sesenta, marcado por la rudeza de botas militares, que patearon la democracia fuera del terreno político. En esa época, el joven que leía a Kafka y a Fromm, admiraba a Fannon, estudiaba periodismo y ya había ingresado en la orden de los dominicos, salió a las calles surcadas por proyectiles para protestar contra el régimen que arbitrariamente se había apoderado del balón, gritó a coro frente al consulado norteamericano “Yankees go home” y hasta enfrentó cuatro años de prisión (de 1969 a 1973) sin mayor recurso contra el miedo que la escritura.
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