España afronta un momento crítico y Euskal Herria uno histórico; la clave es la soberanía

Las elecciones de ayer vuelven a mostrar que en Euskal Herria y en el Estado español se viven dinámicas políticas diferentes, incluso opuestas. Mientras en el Estado español toca alternancia en Euskal Herria se está conformando una alternativa. Los condicionantes y las consecuencias de ambos escenarios van mucho más allá de una legislatura, tienen que ver con el fin de un ciclo, tienen una dimensión estructural. Afectan a las relaciones políticas y económicas en su sentido más profundo; tienen cierto carácter de refundación. Ante todo, afectan a la relación entre la ciudadanía y sus representantes políticos y, cómo no, también a la relación entre las naciones del Estado español. En Euskal Herria hay plena conciencia de ello. En el Estado español se intenta postergar lo inevitable, la necesidad de una transición democrática.
A nivel del Estado se han cumplido los pronósticos y Mariano Rajoy será el nuevo presidente del Gobierno español. Desde el franquismo nunca la derecha española había logrado unos resultados tan apabullantes. El PSOE tiene una profunda crisis que no puede achacar a elementos puramente exógenos. La prioridad de Rajoy será, en un principio, evitar el precipicio económico y, en concreto, evitar un rescate que supondría aceptar que España está de hecho intervenida. Eso implicaría asumir que, sea él jefe de gobierno o deje de serlo, no es quien manda.
La reacción del líder del Partido Popular al nombramiento de un Gobierno tecnócrata en Italia la semana pasada expresa un nerviosismo preventivo ante ese escenario. Rajoy reivindicaba entonces democracia y soberanía, y aunque está claro que se refería exclusivamente a su legitimidad para gobernar en caso de ganar las elecciones, en lo que se refiere a Euskal Herria acertó en las claves del momento político. A él le toca gestionar el nuevo tiempo que se ha abierto definitivamente tras la decisión por parte de ETA de cesar en su actividad armada. Tiene apoyo suficiente para hacerlo de manera inteligente, lo que en ningún caso quiere decir que sus intereses comulguen con los de la ciudadanía vasca, evidentemente. Pero, si de actuar inteligentemente se trata, no cabe duda de que el Gobierno español debería solucionar aquellas cuestiones cuya resolución está en sus manos, dado que tiene problemas de sobra y muchos de ellos no dependen exclusivamente de lo que hagan o dejen de hacer.

La resolución del conflicto vasco requiere de multilateralidad y, con la sociedad vasca y la comunidad internacional activadas y en dinámica permanente, son Madrid y París quienes tienen que dar urgentemente pasos positivos, tal y como les pedía la Declaración de Aiete.

7 diputados, quinta fuerza en Madrid

En Euskal Herria también se han cumplido los pronósticos, por mucho que algunos partidos y medios se hayan empeñado durante la campaña en ocultarlos. Amaiur, la coalición que representa lo que Arnaldo Otegi denominó «pueblo abertzale de izquierda», ha logrado unos resultados espectaculares. Ha quedado a tan sólo 2.000 votos de ser la primera fuerza en Hego Euskal Herria, únicamente por detras de la unión de fuerzas reaccionarias representada por PP y UPN. Las fuerzas de Amaiur están cada vez más compensadas por territorios, su propuesta cada vez logra más adhesiones y éstas provienen de sectores cada vez más amplios. En Euskal Herria ya disputa la hegemonía dentro del campo abertzale y en términos sociales su proyecto aspira a la centralidad política. Acudía a estas elecciones sabiendo que, históricamente, no son los comicios más favorables para las fuerzas abertzales y, sin embargo, ha logrado capitalizar la ilusión por el cambio de ciclo. Está claro que la ciudadanía también ha premiado el esfuerzo por sumar fuerzas que han realizado los partidos que conforman la coalición.

Ahora Amaiur tiene grupo parlamentario propio en Madrid, es la quinta fuerza del Estado en número de representantes y constituye un interlocutor ineludible para las políticas que afecten a los ciudadanos vascos. Pero, sobre todo, esos diputados representan la voluntad de una parte importante de la sociedad vasca de abrir definitivamente un nuevo ciclo político, de cambiar de raíz la relación de subyugación con la que, en general, el Estado español ha tratado históricamente al resto de naciones y, en concreto, a Euskal Herria. Es de suponer que en esa labor contará con la colaboración de los cinco representantes de PNV y la diputada de Geroa Bai. El resultado global de las fuerzas abertzales es otro de los datos destacados de la jornada.

Históricamente, las elecciones a Madrid no han sido consideradas cruciales por la ciudadanía vasca, pero no cabe duda de que en esta ocasión han servido para clarificar el panorama político vasco. Existen cuatro grandes familias o grupos políticos, cuyos proyectos e intereses tienen que ser contemplados y defendidos en cualquier acuerdo político inclusivo. En ese escenario, todos los proyectos políticos legítimos deben poder realizarse, siempre en base al apoyo social que tienen. Democracia y soberanía, esas son las claves del nuevo tiempo, tanto en lo político como en lo económico.


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