Hollande presenta sus «pruebas» en medio de crecientes críticas internas

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Crisis Siria

El Gobierno francés presentó un informe basado más en convicciones que en pruebas contra el Gobierno de Damasco en un intento de sacudirse la presión creciente contra una intervención y de conjurar las dudas, cuando no la oposición, de la oposición, tanto a su derecha como a su izquierda. El presidente sirio, Bashar al-Assad contraatacó advirtiendo de que un ataque «tendrá consecuencias, por supuesto negativas, para los intereses franceses».

El Gobierno francés presentó «pruebas» de la responsabilidad del Gobierno sirio en el ataque químico del pasado 21 de agosto en Ghuta Oriental, en el extrarradio de Damasco, en un intento de sacudirse la presión de la opinión pública (64% en contra de una intervención) y las dudas de la clase política francesa.

El presidente francés afronta una creciente oposición en vísperas de que presente su iniciativa para «castigar» a Bashar al-Assad. La izquierda y los ecologistas (estos últimos aliados en el Gobierno) rechazan un ataque a Damasco. Pero no están solos. A las dudas evidentes en el seno del PS se suma la posición neogaullista asumida por la oposición de derecha (UMP), que critica el seguidismo de París respecto a Washington y busca, sin duda, laminar la escasa popularidad de un Hollande reforzado en las últimas semanas con los buenos datos macroeconómicos (fin de la recesión).

Aunque la Constitución no le exige que someta a voto de la Asamblea Nacional la autorización para meter al país en una guerra, el precedente británico y la decisión del presidente de EEUU, Barack Obama, de consultar al Congreso, han dejado al inquilino del Elíseo en una posición incómoda.

Así las cosas, y tras reunirse en pleno domingo con los ministros de fuerza (Defensa, Interior, Exteriores y Relaciones con el Parlamento), el primer ministro francés, Jean Marc Ayrault, presentó ayer a los presidentes de los grupos mayoritarios y opositores en las dos cámaras «pruebas» que incriminarían a al-Assad. El informe, filtrado por «Le Figaro», se basa en el escenario del ataque (bajo control rebelde) y en la convicción de que estos últimos no contarían con los medios necesarios para un ataque descrito como «masivo y coordinado para intentar recuperar terreno» con cohetes «de fabricación industrial» para imputárselo al Ejército sirio, al que acusa como refuerzo de intentar posteriormente «borrar las huellas medioambientales» del ataque bombardeando intensivamente la zona.

El documento coincide con el informe de inteligencia estadounidense en insistir en la «solidez» del programa sirio de armas químicas aunque difiere en la cifra de víctimas mortales («al menos 281» frente a las 1.400 supuestamente censadas por la inteligencia de EEUU).

Mientras tanto, Obama está multiplicando sus contactos con los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado para asegurarse un voto positivo a su anunciado ataque. El inquilino de la Casa Blanca tenía previsto recibir al senador republicano John McCain, quien aboga no ya por un ataque «limitado» sino por suministrar armamento pesado a los rebeldes armados sirios.

Paralelamente, la cadena ABC News informó de que el portaaviones estadounidense de propulsión nuclear USS Nimitz, que se dirigía a su base en Everett (Washington) recibió la orden de virar y poner rumbo a Siria a través del Mar Rojo.

En un mensaje perfectamente calculado a Washington, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, le advirtió de que un ataque «podría retrasar por mucho tiempo, o para siempre», las perspectivas de una conferencia de paz (Ginebra II) que llevan meses preparando EEUU y Rusia. En un movimiento de piezas, Rusia anunció el envío de un barco de reconocimiento y vigilancia electrónica al Mediterráneo Oriental.

Mientras EEUU y Rusia se envían mensajes -y Hollande sigue en sus trece-, el Gobierno británico sigue lamiéndose las heridas de su derrota en el Parlamento. Downing Street se está haciendo de rogar ante las peticiones de una nueva votación en los Comunes una vez que Obama ha decidido tomarse su tiempo y mientras los inspectores de la ONU siguen analizando los datos cosechados la semana pasada en el lugar del presunto ataque con armas químicas.

Disensiones interárabes

La Liga Árabe no pudo más que apelar a la ONU a tomar «las medidas de disuasión necesarias» contra el Gobierno sirio. En una reunión que evidenció las disensiones internas, los regímenes árabes consensuaron una declaración en la que brilla por su ausencia mención alguna al ataque anunciado, aunque

sin fecha, por Obama.

Un «olvido» que no pasó desapercibido para los rebeldes armados. Egipto, Argelia, Irak y Líbano rechazan toda «injerencia extranjera», mientras que Arabia Saudí lidera las ansias de castigar a al-Assad.

Advertencia de al-Assad

El presidente sirio insistió en advertir del riesgo de una «guerra regional» en caso de un ataque militar occidental, mientras que Washington y París tratan de convencer a sus renuentes opiniones públicas de la necesidad de atacar a Damasco.

«Oriente Medio es un barril de pólvora y el fuego se acerca (…) Todo el mundo perderá el control de la situación cuando el barril de pólvora estalle. El caos y el extremismo se propagarán», insistió en una entrevista al diario «Le Figaro».

Más aún, al-Assad puso en guardia a París. «El pueblo francés no es nuestro enemigo, pero (…) en la medida en que la política del Estado francés es hostil al pueblo sirio, será nuestro enemigo», señaló, para advertir de que «habrá repercusiones, por supuesto negativas, en los intereses de Francia».

 
 
 
 
Un Ejército, el sirio, sólido aun mermado por 2 años de guerra

El Ejército sirio sigue siendo uno de los más importantes del mundo árabe, aunque expertos occidentales como el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres asegura que ha sufrido una merma en sus capacidades tras dos años de guerra en el país.

En su edición de 2013, este instituto cifra en 178.000 los efectivos armados del Ejército sirio, mientras asegura que en 2009 alcanzaban los 325.000 hombres.

«Las capacidades nominales del Ejército antes de la guerra se han reducido probablemente a la mitad en razón de las defecciones, las deserciones y las pérdidas sufridas», vaticinan estos expertos, que añaden que «la mayor parte de sus estructuras se han visto afectadas. Varias brigadas han desaparecido, bien porque eran consideradas políticamente poco fiables o a causa de pérdidas severas».

A causa de la desorganización y de la dificultad de lograr información fiable en plena guerra, el IISS asegura no estar en disposición de dar una estimación de los efectivos de las fuerzas armadas no militares, que juegan un papel importante en la lucha contra la rebelión armada. En 2009 se calculaban en 108.000 efectivos, de ellos 100.000 milicianos del partido Baath, en el poder desde 1963. Los otros 8.000 serían fuerzas de la Gendarmería, a las órdenes del Ministerio de Interior. A todos ellos habría que sumar unos 350.000 reservistas.

La estructura del Ejército está articulada en siete divisiones blindadas, tres de infantería mecanizada, dos de fuerzas especiales y una división de la Guardia Republicana, creada en 1976 y encargada de la defensa de Damasco. Estas últimas son la punta de lanza del Ejército. La Guardia Republicana y las divisiones 3ª y 4ª sumarían 50.000 hombres.

El arsenal del Ejército sirio es preferentemente de origen ruso o soviético y contaba antes de la guerra con 4.950 carros. Cuenta además con un importante arsenal de misiles cuyo mando central se halla en Alepo.

Además de dos fragatas, el Ejército sirio contaría con 365 aviones de combate (555 en 2009).

Por contra, el informe advierte de que las fuerzas de defensa aéreas del Ejército sirio casi no se habrían visto afectadas por la guerra e incluirían gran cantidad de misiles tierra-aire de fabricación rusa, muchos recientes y eficaces». GARA


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