DIRITTI DEI LAVORATORI: L’AVANGUARDIA BASCA

Editoriale quotidiano GARA 16 giugno 2010. I due grandi sindacati di obbedienza statale (spagnola) hanno reso pubblico ieri a Madrid la data nella quale chiameranno i lavoratori ad aderire ad no sciopero generale contro la riforma de lavoro del Governo Zapatero: il 29 settembre. A sua volta, CCOO di Euskadi annunciava a Bilbao che  a questa convocazione aggiunge nella CAV una seconda, il 29 giugno in coincidenza con la data scelta dalla maggioranza sindacale basca per lo sciopero generale in Euskal Herria. Tutto sembra indicare che anche UGT-Euskadi, che annuncerà oggi la sua decisione, seguirà gli stessi passi di CCOO. Ieri questo sindacato lanciava un appello per  uno sciopero generale congiunto.

Così, mentre ieri a Madrid i sindacati maggioritari si sforzavano per spiegare le ragioni che li avevano portati a convocare no sciopero generale tre mesi dopo l’approvazione della riforma del lavoro più aggressiva degli ultimi decenni, a Bilbao CCOO sorprendeva tutti con il so annuncio che faceva coincidere la convocazione dello sciopero con quello delle centrali sindacali basche. Cioè mentre a Madrid si faceva trasparire la paura di un fallimento per il più che negativo precedente del recente sciopero nel settore pubblico e la riprovazione con la quale i lavoratori giudicano la totale inattività dei grandi sindacati dinnanzi alla crisi, a Bilbao CCOO si arrendeva dinnanzi all’evidenza del fatto che la maggioranza sindacale basca è quella che propone l’unica iniziativa solida in risposta agli attacchi che padronato e Governo dirigono contro la classe lavoratrice.

Se qualcosa ha dimostrato il processo di gestazione di questo sciopero è che il modello di dialogo sociale che hanno difeso UGT e CCOO solo ha conseguito servire su un piatto d’argento a Governo e padronato una riforma del lavoro come quella che si avvicina. E se questi sindacati decidono adesso di convocare uno sciopero per il 29 giugno in Araba, Bizkaia e Guipuzkoa, sarà, non tanto per aver rinunciato a questo modello, ma perché non si possono permettere il lusso del fatto che la loro propria militanza apra gli occhi dinnanzi ad una realtà incontestabile  che si riassume nella convocazione dei sindacati baschi: la difesa dei diritti dei lavoro non può dipendere da interesse estranei ai lavoratori

 

La maggioranza sindacale basca ha raccolto più do 130 mila firme in appoggio ad un decalogo di misure contro al crisi ed indifesa dei diritti dei lavoratori. Per leggere i dieci punti, in spagnolo e euskara, clicca qui  

Il ruolo giocato dalle organizzazioni sindacali basche nelle dinamiche politiche ha influenzato la politica in generale. A partire dagli inizi degli anni 90, i due principali sindacati, ELA e LAB, espressione delle due correnti di pensiero egemoni nelll’ambito della politica basca nazionalista o indipendentista, hanno elaborato una analisi della situazione politica basca che li portò a confluire in un progetto politico strategico e sindacale comune. Pur rimanendo differenze tattiche, e momenti di distanziamento dovuti soprattutto alla questione della strategia politico militare di ETA ma anche alla competizione per l’egemonia  in un comune spazio sociale sindacale,  quegli accordi posero le basi per un ampliamento della base sociale favorevole ad un processo per la sovranità caratterizzata dalla solidarietà e giustizia sociale. Per una lettura di quegli anni e la genesi di questa “convergenza sindacale”, riportiamo di seguito un estratto dal libro “Sin Tregua” di Giovanni Giacopuzzi Ediciones Txalaparta, 2002 (in spagnolo)

El acuerdo ELA-LAB

Al comienzo de los años noventa, el crecimiento económico registrado en el Estado español desde 1985 invierte su tendencia. El pago por la entrada en el Mercado Común europeo, con unas empresas que no tienen competitividad, provoca el cierre de numerosas compañías. Por otro lado, el crecimiento económico no había afectado a la tasa de parados, que se mantenía aún en el 20%. Esa situación se había determinado por la forma marcadamente especulativa que el crecimiento económico de la segunda mitad de los años 80 había registrado. La situación sociolaboral, además, empeoraba con la sustitución del empleo precario con respecto al fijo (el 94% de los contractos de 1990), con un aumento de la siniestrabilidad laboral, y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Simultáneamente, las empresas ampliaban su rentabilidad. En Euskal Herria la situación acentuaba ese panorama con algunas variables que serán determinantes en el cambio del panorama sindical vasco. La reconversión industrial, que había modificado profundamente el sistema económico vasco, además de la estructura de monocultivo industrial (siderurgia y construcción naval) tenía, según los sindicatos vascos, una connotación también política, con el Gobierno central que cerraba empresas en el País Vasco, en beneficio de otras del Estado, no siempre por motivos estrictamente económicos.

En ese contexto, el papel de los gobiernos autónomos, sobre todo en la CAV, era marginal, evidenciando los límites de las competencias otorgadas por el Estatuto de Autonomía. Las críticas de los sindicatos vascos se centraban, asimismo, en el escaso compromiso de los partidos nacionalistas PNV y EA para abordar esa temática, evidenciada también por la presencia, desde 1985 hasta 1998 en la consejería de Industria, del PSE-PSOE. Reforzando esa teoría se añadía el papel de los sindicatos UGT y CCOO que, con modelos diferentes, se orientaban hacia las propuestas del Gobierno y de la patronal CEOE de definir la contratación colectiva centralizada. La misma política de marginación constante de ELA, pero sobre todo de LAB en Navarra, era síntoma de esa política centralista. Para el sindicalismo vasco el objetivo de un marco de relaciones laborales vascas llegó a ser prioritario, así como el logro de las trasferencias fundamentales en materia laboral, entre ellas la Formación Continua que, según ELA, ha sido un instrumento clave para la visualización del proceso de declive del autogobierno y las embestidas contra los acuerdos democráticos en Euskadi de los centralistas.[1]

Bajo el análisis de la consideración de ataque directo a la misma existencia de una realidad laboral vasca, las posturas de los dos principales sindicatos vascos abertzales se acercaron. Lo hicieron, por primera vez, desde la aprobación del Estatuto de Autonomía en la CAV, dos fuerzas sociales que sobre el proceso estatutario habían mantenido posiciones opuestas. Es el hecho político más importante desde la reforma política en la sociedad vasca. Y será una conciliación de posturas para ambos, cuyas estrategias divergentes no habían impedido un aumento constante de afiliados y delegados. ELA consolidará su liderazgo en Hegoalde desde las primeras elecciones sindicales de 1980 hasta las últimas en 1999. En el año 2000 tendrá cerca de 100.000 afiliados y en las elecciones sindicales de 1999 serán 7.805 (35,38%) los delegados elegidos. LAB, por su parte, después del salto del 1985, registrará también un crecimiento constante llegando a unos 20.000 afiliados y a 3.3774 delegados en 1999.[2]

A partir de 1988, con la elección de una nueva dirección, y con el VII Congreso de 1990, ELA decidió dirigirse al terreno propiamente político. Una actitud necesaria y posible gracias también a su fuerza organizativa: es la mayor estructura asociativa de Euskal Herria. En su VII Congreso, el sindicato afirmaba: “ELA en la sociedad vasca se reclama ser aceptada precisamente en cuanto confederación sindical, y, en cuanto tal forma parte integrante del movimiento abertzale. En este hecho ELA ve una razón más de responsabilidad respecto a la sociedad de Euskadi y su futuro. ELA seguirá impulsando una Euskadi integrada territorialmente, cohesionada socialmente, desarrollada económicamente y en posesión de la capacidad de la libre determinación”. En el Comité Nacional de marzo de 1992, ELA define el camino para sus objetivos con una actitud abierta ante acciones que puedan favorecer un mayor acercamiento dentro del sindicalismo abertzale. Se trata en todo caso, de un proceso en que la posibilidad de avances –salvo muy concretas y puntuales coyunturas- esta condicionada a la captación del principio de soberanía y democracia sindical”.[3]

Por su parte LAB había actuado en esos años en el marco de KAS, es decir, una organización socio-política, que rechazaba de plano la división ficticia entre lucha económica y política; había mantenido un modelo de organización basado no en las federaciones sino en el territorio; tenía una clara vocación transformadora de las relaciones sociales que apuntaba hacia una sociedad socialista y a la modificación de las relaciones entre Euskal Herria y Estado mediante la vía de la negociación política, y por último, defendía los comités de empresa, a pesar de haberse modificado su sentido original, y la asamblea, frente al exclusivismo de los sectores sindicales en las relaciones laborales en la empresa[4]. La crisis económica, el mismo debate interno de KAS hasta su disolución en 1996, otorgarán a LAB una autonomía de acción política que le permitirá poner las bases para una unidad de acción con ELA. LAB será la primera organización del MLNV que tendrá posturas autónomas, en algunas ocasiones, con respecto a la actividad de ETA. La situación económica y política acercó las posturas de los dos sindicatos que, de hecho, mantendrán una autonomía de actuación con respecto a los polos referenciales, bloques autonomista e izquierda abertzale, que únicamente la actividad de ETA pondrá en crisis. Las consecuencias del acuerdo entre los dos sindicatos vascos se traducen en el alejamiento de UGT y CCOO, delineando, en el ámbito sindical, la polarización que se hará patente en la sociedad vasca a partir del 1997. En ese año la política de concertación de los sindicatos CCOO y UGT con la patronal y el Gobierno Aznar mostrará claramente los planteamientos opuestos, sean ideológico-políticos o sean nacionales, entre el sindicalismo vasco y el estatal.

Que la apuesta de ELA y LAB era profunda se evidenciará en el primer documento estratégico de 1993, El futuro de Euskadi pasa por la reindustrialización y el empleo, firmado conjuntamente junto a CCOO. La adhesión de Comisiones Obreras será, sin embargo, efímera, ya que desaparecerá el mismo año en que se produjo. La hipótesis de negociación colectiva en el ámbito estatal, protagonizada por el Gobierno central, UGT, CCOO y CEOE, hará deslizarse a CCOO-Euskadi hacia un planteamiento estatalista, no sin antes generar una escisión interna, la de la corriente Izquierda Sindical. El proceso de consolidación de la “mayoría sindical vasca” se plasmará en 1994 con el Manifiesto sobre el Modelo Vasco de Relaciones Laborales (MVRL), en el que se reivindica: la capacidad legislativa de las instituciones vascas en material laboral y protección social; las transferencias de competencia íntegra en materia de formación profesional, empleo y seguridad social y el pleno derecho a la negociación colectiva en Euskadi. El manifiesto político para una reivindicación soberanista en materia laboral no será asumido por parte de las instituciones autónomas. Este hecho llevó a los dos sindicatos, ELA y LAB, a afirmar dos años después, en el marco del Acuerdo Vasco de Formación Continua, que sobre este tema como en otros tantos, la mayoría sindical vasca no se siente ni representada ni defendida por el Gobierno de Gastéis.[5] Si esta plataforma tiene como eje central la cuestión laboral, también en el terreno de la política en general los dos sindicatos dan prueba de convergencia de objetivos, aunque subsistan diferencias profundas sobre las dinámicas del conflicto y, en particular, sobre la actividad armada de ETA. De hecho será por esa razón, con ocasión de atentados mortales, sobre todo los ejecutados contra los dos oficiales de la Ertzaintza, Doral y Goikoetxea, y el funcionario de prisiones Francisco Javier Gómez Elósegui, ese último afiliado a ELA, que esta alianza se tambalee. Una situación que, según la misma ETA, llevará en 1996 a la dirección de ELA a poner como condiciones para seguir adelante con la unidad de acción sindical que no hubiera acciones en el frente de las cárceles ni contra ertzainas. ETA cumplirá con esa petición dejando de lado las acciones del frente de las cárceles, congelando las acciones contra ertzainas hasta que estos fusilaron a Ina Zeberio en Gernika.[6]

La postura adoptada por ETA confirma la importancia que tendrá la apuesta por el diálogo, la negociación y, sobre todo, los derechos de los vascos a decidir su futuro, planteamientos sobre los que se basaba el documento, cuya formulación se hará patente en ocasión del Aberri Eguna de 1995, cuando los sindicatos vascos declaran: Convenimos en la necesidad de que se pongan los medios y las voluntades precisas para que, superando esta situación, sean los ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herria los que, sin ningún tipo de ingerencias, vayan configurando y decidiendo democráticamente el destino de este pueblo.[7]

La alianza ELA-LAB tendrá nuevas actuaciones en el plano político, aglutinando a otras organizaciones vascas, y será el primer paso concreto de ruptura con los esquemas que hasta entonces habían regido la vida política vasca. Nuevos factores reforzarán esa perspectiva: la crisis del PSOE y la llegada del PP a la Moncloa, el salto de la lucha armada de ETA y sus consecuencias y la cuestión de los presos. Estos tres apartados serán los elementos que dibujarán un nuevo escenario político.

 

 



[1] Gai monografikoak nº17, abendua 1998.

[2] Majuelo, Emilio, Historia del sindicato LAB, p. 107. Txalaparta, 2000.Los resultados de las eleciones sindicales del 1999 en Hego Euskal Herria se conmpletan con UGT, con 4.322, y CCOO con 4.137 delegados. Ademas de LAB hay que registrar 2.422 delegados de otros sindicatos.

[3] Gai monografikoak nº17, abendua 1998.

[4] Majuelo, Emilio, op. cit., p. 152.

[5] “Euskadi 1996” Egin urtekaria, p. 190.

[6] Gara, 28 de mayo 2001

[7] Impreso Aberri Eguna 1995, ELA – LAB.


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